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Entrevista LUCÍA GALÁN,

Pediatra y autora de “Lo mejor de nuestras vidas

IMAGEN ENTREVISTA

 

 

No creo en trajes de talla única ni en fórmulas mágicas. Cada niño, cada familia tiene unas necesidades diferentes para ser feliz.

 

 

Dra. Lucía Galán Bertrand. Pediatra

Desde Educarnos para Educar hemos tenido el privilegio de entrevistar a la pediatra  Lucía Galán, ganadora del Premio Bitácoras al mejor blog de salud e innovación científica 2015  “Lucía, mi pediatra” y  autora del exitoso libro Lo Mejor de Nuestras Vidas,  sin duda,  un  libro imprescindible para orientarnos  en la crianza y educación  de nuestros hijos.

– Lucía,  ¿qué ha tenido más peso al escribir tu libro, tu experiencia como madre o como pediatra?

Tras mucho pensar esta pregunta creo que a partes iguales. Soy mejor pediatra desde que soy madre. Nunca podría haber escrito este libro sin mi experiencia como madre. No concibo mi trabajo sin esa conexión que establezco con los padres desde mi yo-mamá. Me veo reflejada en muchos de ellos como sé que ellos se sienten identificados al escucharme. Es una sinergia maravillosa la que se establece y la que he intentando transmitir en “Lo mejor de nuestras vidas” a través de experiencias de mi propia maternidad. 

 -¿Sabemos los padres gestionar las emociones de nuestros hijos?

No nos enseñan a ello. Nos movemos por intuición, por valores y modelos aprendidos en nuestra infancia, por imitación. En ocasiones olvidamos nuestro propio instinto que quizá sea el más poderoso de ellos. Sin embargo, poco a poco vamos creando conciencia que esto también se aprende y que cada día podemos hacerlo un poquito mejor. 

-¿Crees que tienen más dudas e inquietudes los papás de ahora que nuestros padres? 

Pienso que sí. Hay muchas más información ahora que antes lo que curiosamente conlleva más desinformación. Todo el mundo opina, escribe y divulga; pero no todo lo que se escucha y se lee es cierto. Esto genera desconcierto, dudas y miedos. Es lógico. Y en ocasiones los padres se ven perdidos ante tantos caminos a elegir. Cuando nosotros éramos pequeños, nuestros padres nos educaron como ellos fueron educados, como ellos mismos fueron aprendiendo y con 4-5 libros de referencia como mucho. Lo hacían de la mejor manera que podían y que sabían.

-¿Nuestros hijos están sobreprotegidos?

Sí; más de lo que estuvimos nosotros. Hay mucho miedo; pienso que por ese exceso y bombardeo de información continua en todos los medios. A golpe de click sabemos lo que ha ocurrido en todo el mundo, las atrocidades que se cometen cada minuto y esto genera miedo. Perdemos la objetividad del lugar donde vivimos, de nuestro entorno. Empatizamos con todo aquello que vemos en las noticias y en seguida pensamos que les va a ocurrir lo mismo a nuestros hijos. Intento utilizar mi sentido común cuando siento que esto me ocurre. Sobreproteger a nuestros hijos tiene consecuencias muy negativas en su desarrollo emocional. Debemos hacer un esfuerzo en no hacerlo, en dejarles volar y en marcar límites adaptados a su edad pero realistas a sus necesidades de explorar mundo. 

– Nuevas tecnologías, ¿saben jugar nuestros niños o dependen demasiado de éstas?

Dependen demasiado de ellas. Nos ha pillado el toro con las nuevas tecnologías. Probablemente ellos lo hagan mejor con sus hijos, no me cabe ninguna duda. 

– ¿Sabemos los padres disfrutar de nuestros hijos?

Quiero pensar que sí. De lo contrario estaríamos perdiendo los años más bonitos de nuestras vidas. Aunque cierto es que de vez en cuando nos lo tenemos que recordar. Es ahora el momento de disfrutar de los niños. No hay mañana. El hoy es lo que cuenta. Este preciso instante. En pocos años volarán y no habrá marcha atrás. Seguirán allí pero no de la misma manera, así que aprovechemos, son unos poquitos años antes de que emprendan el vuelo. 

– ¿Nos podrías dar algunas claves para conseguir que un niño sea feliz?

Esta es la pregunta del millón. No creo en trajes de talla única ni en fórmulas mágicas. Cada niño, cada familia tiene unas necesidades diferentes para ser feliz. Creo que debemos invertir todas nuestras energías en que nuestros hijos tengan una infancia feliz, ya tendrán tiempo de descubrir el mundo real más adelante. Y esto pasa por estar presentes, por sentirles dentro, respetarles profundamente, sin etiquetas ni juicios de valor; por escucharles activamente, con los 5 sentidos; por marcarles límites claros desde el respeto y el amor, pero firmes. Por trabajar sus debilidades y potenciar sus fortalezas. Por validar todas y cada una de sus emociones. Pasa por decirles y demostrarles cada día lo mucho que les queremos. Por apoyarles en todas y cada una de sus dificultades e intentar ofrecerles nuestra experiencia cuando vemos o sentimos que se equivocan. Pasa por luchar juntos, llorar juntos y celebrar las alegrías por todo lo alto, unidos. 

 – Si volvieras a ser madre ¿qué no repetirías?

Difícil. Creo que lo repetiría todo, hasta los errores porque he aprendido mucho gracias a ellos y soy mejor madre. ¿Crees que uno aprende de las victorias? No; el aprendizaje viene de las caídas, de las dificultades, de la lucha. Así que sí, creo que volvería a tropezar con las mismas piedras para llegar a donde estoy ahora… Aún queda mucho camino, cierto, pero vamos sumando experiencia y de todo se aprende. A veces pienso, ¿si tuviera ahora un tercer hijo sería una madre increíble? ja,ja… pero seguro que no, seguro que cometería los mismo errores. Somos así de imperfectos. 

 – Los deberes ¿te parecen contraproducentes? 

Yo cambiaría todos los deberes escolares de los niños por minutos de lectura y cuenta-cuentos, cuenta-historias. Eso haría. Considero que 8 horas en el colegio es tiempo más que suficiente para trabajar en las tareas que les corresponde. Al llegar a casa toca descansar, jugar y desconectar para que el cerebro descanse. ¿Te imaginas llegar a casa tras una larga jornada laboral y seguir trabajando? Ahora, lectura sí. Insistiría en la lectura, pero lectura de calidad, adaptada a sus gustos y preferencias. Me marcaría como objetivo hacer de ellos grandes lectores. El niño que lee, es un adulto que lee y esto, en los tiempos que corren, ya es mucho, muchísimo. Lo mejor de todo es que esto está en nuestra mano, si conseguimos que lean desarrollaremos su imaginación, su creatividad, aumentará su cultura histórica, su pensamiento crítico, su empatía y conexión con el mundo que le rodea. ¿Quién no quiere eso para sus hijos? 

Lucía,  agradecerte que hayas confiado en un proyecto nuevo como el nuestro, dándonos la oportunidad de poder reproducir tus palabras en nuestro blog y además poder contar contigo el próximo día  24 de septiembre en Madrid, para que multitud de papás podamos escucharte y que nos ayudes a descubrir las emociones de nuestros hijos, a facilitarnos estrategias para disfrutar más de ellos, transmitiéndoles optimismo, amor, independencia,  empatía,  libertad … con tranquilidad. Porque como tú afirmas “estando tranquilos se vive más, se siente más y se disfruta más”

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EL NIÑO QUE JUEGA ES UN NIÑO FÉLIZ

Cuántas veces hemos dicho o hemos oído  – ¡me gustaría jugar más con mi hijo, pero es imposible, o juego o hago las cosas de la casa, la compra, plancho,…!-  en realidad vivimos en una sociedad en que la es difícil compaginarlo todo, pero no es imposible, quizá sea cuestión de prioridades.  Nos tenemos que dar cuenta  que  el tiempo corre,  que los niños crecen y llegará un momento en el que quizás ya no tengan ese deseo, esa necesidad de querer jugar tanto contigo.

El juego para el niño es importante,  es el primer instrumento que posee para poder aprender,  conocerse a sí mismo, a otras personas  y  comprender mejor su entorno.

Jugar no es una pérdida de tiempo, a través del juego  el niño desarrolla la imaginación, la creatividad, habilidades  sociales, estimula los sentidos, expresa sentimientos y emociones…

El juego además de resultarles motivante y divertido es fundamental para el desarrollo integral del niño, adquieren:

– habilidades lingüísticas: hablan, cantan, expresan sus fantasías, sus miedos,….

– habilidades emocionales/afectivas: fomentan la autoestima y la autoconfianza, expresan y manejan                  sentimientos.

– habilidades motrices: desarrollan su coordinación psicomotriz y la motricidad gruesa y fina.

– habilidades sociales: aprenden la importancia de formar parte de un equipo, resolución de conflictos, a esperar  turno, facilitan la toma de decisiones, asunción de roles, aprenden a  respetar reglas, cooperan,…

-habilidades cognitivas: aprenden a comparar, clasificar, contar, memorizar,… inventan estrategias de acción, desarrollan el pensamiento, la inteligencia,…

El  juego es una actividad indispensable, por tanto, es necesario que el niño juegue a diario. EL NIÑO QUE JUEGA ES UN NIÑO FÉLIZ.

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CÓMO MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON LOS NIÑOS

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La comunicación es un proceso en el que el emisor y el receptor establecen una conexión para transmitir información entre dos  o más personas. Pero en ocasiones, este proceso tan sencillo no es fácil de llevar a cabo o se ha deteriorado.

La comunicación favorece las relaciones, a través de una buena comunicación conseguimos un ambiente tranquilo, relajado, lleno de cariño, respeto, confianza,… a veces esto no es así, sencillamente mantener la comunicación  con nuestros niños nos cuesta, y tanto una parte como por  la otra, no somos capaces de expresar lo que queremos decir de manera clara.

Para que esto no ocurra, es importante seguir unas pautas muy sencillas pero que sin duda harán que tengamos una comunicación mucho más fluida con nuestros niños:

– Mantener contacto con la mirada y escuchar con atención e interés, que el niño sienta que está siendo atendido y que estamos muy interesados en lo que dice.

-Siempre que queramos darle un consejo, que sea en clave positivo. Si no,  la próxima vez no nos contará nada.

-Intentar no juzgarles cuando se explican.

-Ponernos en el lugar del niño, entender que lo que para ti puede ser algo insignificante para él seguramente es lo más importante en ese momento.

– Crear un ambiente favorable, que de pie a participar en las decisiones tomadas, y donde  pueda ofrecer su opinión personal.

– Establecer un ambiente de confianza y seguro, para poder hablar abiertamente de cualquier tema, adaptándose siempre a la edad del niño.

– Si no sabemos responder a una pregunta que nos hacen no mentirles, ni inventarnos la respuesta, es tan sencillo como admitir nuestro desconocimiento e incluso invitarles a buscar información juntos para resolver la cuestión. Hay que hacerles entender que somos humanos y no tenemos que saberlo todo.

– Enseñarles a escuchar, que se den cuenta que no solo ellos tienen sentimientos, opiniones, ideas… que transmitir, sino que a los adultos también nos gusta ser tomados en cuenta por la gente que nos rodea y nos quiere.

– Evitar las amenazas, los gritos, la agresividad. Hacen que los niños se sientan atemorizados, indefensos y la comunicación se vea claramente deteriorada, ya que perderán toda la confianza hasta ahora conseguida.

En definitiva, para que el desarrollo del niño sea el adecuado hay que intentar conseguir una comunicación positiva en la  que  se sienta escuchado,  pueda comunicarse abiertamente y por supuesto, se sienta apoyado cuando exprese sus sentimientos y opiniones.

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